bitacorAfricana. Viaje al continente negro

El 11 de noviembre nos embarcamos en un viaje de casi siete meses que nos llevará desde Marruecos a Sudáfrica. Hemos pensado este espacio para compartir los preparativos y experiencias de nuestra particular travesia africana. Nos encantaría recibir consejos, comentarios, relatos de otros viajeros, etc. Para escribir en este blog sólo hay que hacer click en "comments".También podés escribirnos a bitacorafricana@yahoo.es

domingo, junio 18, 2006

Gorilas en la niebla

Los dias previos a nuestra visita a los gorilas estuvieron tan cargados de contratiempos que estaba segura de que nada saldria segun lo previsto y en cambio se convertiria en un ejemplo perfecto para ilustrar la maxima de las leyes de Murphy. Sin embargo, despues de cambiar tres veces de vehiculo, cruzar la frontera a Congo DR (ex Zaire) a pie, pagar una visa que nunca aparecera en los registros y definitivamente no figurara en nuestros pasaportes, estamos con Mariano y ocho personas mas de camino al Parque Nacional des Virungas.
El paisaje es precioso, colinas verdes sembradas hasta el ultimo centimetro, peque~nas aldeas de casas de barro y techos de paja. Pero no es completamente un paisaje de cuento, porque a uno y otro lado del camino hay hombres armados, algunos llevan uniforms verdes y boinas rojas, otros van de boinas celestes y hay muchos de paisano. Llevan AK-47 e incluso vemos uno con un mortero. Estan en la ruta, caminando o sentados descansando al costado del camino.
En la reserva y nos reciben agradecidos, nos dicen que el turismo es una forma de pacificar el pais, que de nuestra mano llegara la paz, que quiza sera un largo y lento camino pero nuestra presencia alli es buena se~nal.
Finalmente partimos en busca de los gorilas, la selva es espesa, pegajoza y plagada de hormigas enormes y millones de mosquitas. El sol ya no nos molesta, en cambio agradecemos los pocos rayos que logra traspasar el denso follaje.
Caminamos a paso rapido, el aire es dulzon y pesado, llevamos solo las camaras y una botella de agua, vamos livianos y aun asi la caminata no es facil, vamos subiendo, cruzando el nudo enmara~nado de enrredaderas, ramas y troncos que es la selva tropical.
Cada tanto mis manos rozan unas hojas grandes, brillantes y alargadas que estan por todas partes, el ardor es instantaneo, la piel se pone roja y aparecen mancas blancas, duele. Hay que aguantar unos minutos y el dolor desaparece.
Los guias apuran el paso y nos muestran algunos detalles que indican que los gorilas han estado por aqui no hace mucho: hay hojas dispustas a manera de camas, ramas cortadas, heces secas.
El camino se hace cada vez mas empinado, los guias abren el paso a golpe de machete, tenemos que agarrarnos de ramas y troncos para poder subir, le pido a la suerte que los gorilas esten cerca porque ten go la sensaccion de que no podre seguir mucho tiempo mas. Y la suerte esta de nuestro lado porque al poco rato empezamos a escuchar ruidos, son ellos y estan algunos metros mas arriba, la ansiedad nos empuja a seguir y finalmente los guardias pueden verlos, depacio nos vamos acercando.
Son gorilas jovenes algunos bebes, nos miran cuiosos. Los guias emiten un sonido parecido a cuando uno se aclara la garganta, es un aviso, somos amigos, no hay nada que temer. Estamos a menos de cinco metros de distancia, los peque ~nos quieren acercarse y los guardias tratan de auyentarlos.
De pronto veo por el rabillo del ojo que uno se acerca muy rapido, me quedo agachada y quieta y veo como pasan a mi lado, rodando cuesta abajo, Mariano y un gorila. Es todo tan rapido que no hay tiempo de reaccionar. Cinco o seis metros mas abajo estan los dos tirados en el piso. Mariano, con una sonrisa para indicarnos que todo esta bien, finje estar comiendo hojas. Uno de los guardias nos cuenta que el amiguito de Mariano se llama Bageni, tiene ocho a~nos y pesa 100 kg.
Hemos llegado en un momento excelente, el grupo esta jugando, los mas chiquitos se cuelgan de los arboles hacien do toda clase de piruetas. Oimos ruidos mas arriba, subimos unos metros mas y alli esta el macho espalda plateada jefe del grupo, se llama Kabirizi y es enorme, nos mira, se levanta y camina orgulloso. De repente, avanza rapido hacia nosotros golpeandose el pecho, todos nos agachamos y pretendemos comer hojas, los guardias vuelven hacer ruidos y Kabirizi vuelve a sentarse. Es hora de irnos, el jefe del grupo nos ha he cho saber que es mejor terminar la visita y, obedientes, emprendemos la retirada.